Archivo del Autor: Sobrina de Satanás González

La madre superiora y la vaca

La madre superiora irlandesa de 98 años, estaba en su lecho de muerte.

Las monjitas la rodeaban, intentando hacer cómodo su último viaje. Trataron de darle leche calentita, pero no la quiso.

Una monjita se llevó a la cocina el vaso de leche, recordó una botella de whisky irlandés que les habían regalado por Navidad y le puso un buen trancazo a la leche.

Volvió al lecho de la superiora y le acercó el vaso a la boca.

La superiora bebió un sorbito, luego otro y antes de que se dieran cuenta, se lo había acabado hasta la última gota.

Las monjitas le dijeron: “Madre, dénos una última palabra de sabiduría antes de morir”.

Sin apenas fuerzas, se incorporó un poco y les dijo:

“Por lo que más queráis…¡No vendáis esa vaca!”.

Sobrina de Satanás González

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Ellos vs ellas

Sobrina de Satanás González

Pobre abogado catalán

Una institución catalana de caridad, jamás había recibido ni una sola donación por parte de uno de los abogados más ricos de la colectividad catalana de la localidad.

Un día, el director de la institución decidió ir personalmente a hablar con el abogado, acerca de este asunto.

– Pues, verá…, quería hacerle notar, si me lo permite y con todo el respeto que su persona me merece, que, según nuestros datos, nos consta que usted gana más de tres millones de euros al año y nunca nos ha donado nada,ni un solo céntimo, para nuestras obras de caridad. ¿Querría usted, mediante suscripción, contribuir con cierta cantidad a nuestras obras?

El abogado, que había escuchado muy atento, quedó pensativo por unos
instantes y luego respondió:

– ¿Consta en sus datos que mi madre está muy enferma y que sus gastos
médicos están muy por encima de su pensión anual de jubilación?

– Ah, no, por supuesto que no -murmuró el director.

-¿Qué estoy separado y a mi mujer le paso un dineral?

– No.

-¿Y les consta que mi hermano pequeño es ciego y no encuentra trabajo? El director ni abrió la boca.

-¿Dicen algo sus datos -prosiguió el abogado- acerca de que Jordi, el marido de mi hermana, murió hace poco en un terrible accidente y la dejó sin dinero y con cinco hijos pequeños?

– Desde luego que no -respondió humillado el director-. …. Discúlpeme, no tenía ni la menor idea de todo eso

– Y en sus registros, ¿figura, por ejemplo, que tengo a mi padre, diabético y enfermo del corazón, en una silla de ruedas desde hace más de diez años?

– Lo siento. No, no sabía nada. Me deja usted perplejo.

– ¿Pero sí supongo que sabrá que dos de mis sobrinos son sordomudos?

-volvió a preguntar el abogado.
…..Apenas pudo oírse el «no» del director- Y, por si eso fuera poco -continuó el abogado- ¿saben ustedes que la
empresa de mi hermano mayor, el padre de los sordomudos, ha quebrado con
la crisis y está prácticamente arruinado?

– Pues no, la verdad -respondió avergonzado el director, por el papelón
hecho-. Lo siento de veras; no tenía ni la menor idea de todo lo que usted me ha dicho.

– Entonces -dice el abogado-, dígame:

-¿por qué cojones tengo que darle dinero a usted, si no se lo doy a ellos?

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El Papa y Zapatero

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Oferta de trabajo para curas

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Algo falla adivina que.. (XLI)


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Captura realizada el día 15/03/2010 a las 15:00.

Noticia de la Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de Sevilla

Sobrina de Satanás González

El loro que recitaba la Bliblia

Tres hijos dejaron su hogar, se independizaron y prosperaron.
Cuando se juntaron nuevamente, hablaron de los regalos que habían podido hacerle a su madre.
El primero dijo:
-Yo construí una casa enorme para nuestra madre.
 

El segundo dijo:
-Yo le mandé un Mercedes con un chofer.
 

El tercero dijo:
-Os gané a los dos: sabéis cuánto disfruta mamá de leer la Biblia, y sabéis que no puede ver muy bien. Le mandé un gran loro marrón que puede recitar la Biblia en su totalidad. Les llevó 20 años a 12 franciscanos enseñársela. Contribuí con 1.000.000 de dólares durante 20 años, pero valió la pena. Mamá sólo tiene que nombrar el Capítulo y el loro lo recita.

Al poco tiempo, la madre envió sus cartas de agradecimiento.

 

Escribió a su primer hijo:
– Isaac, la casa que construiste es tan grande! Yo vivo en un solo cuarto, pero ahora tengo que limpiar toda la casa.

Escribió a su segundo hijo:
– Moisés, estoy demasiado vieja como para viajar. Me quedo en casa todo el tiempo, así es que nunca uso el Mercedes.

Escribió a su tercer hijo:
– Mi queridísimo Abraham, fuiste el único hijo que tuvo el sentido común de saber lo que le gusta a tu madre. ¡¡¡El pollo estaba delicioso!!!”

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